LA VENTANA

¿Cuál es tu realidad?

Una identidad dividida o disociada, nos puede revelar una relatividad existencial a la hora de vivenciar nuestras experiencias y emociones a lo largo de la vida. La identidad como individuo tiene la capacidad de darnos una visión particular de las cosas, asociada a todas esas creencias, emociones y experiencias.

La identidad...

Nuestra identidad está estrechamente unida a nuestra realidad individual. Si contenemos más de una identidad, la realidad se nos tiende a distorsionar y se nos vuelve relativa, dependiendo de la identidad con la que conectemos.

La disociación de la identidad se caracteriza por la existencia de dos o más identidades en una persona, cada una con su propio patrón de percibir e interactuar con el ambiente, que alternan o influyen en el control ejecutivo de forma rutinaria.

No obstante, la expresión o ausencia de estos estados de personalidad varía dependiendo de la motivación psicológica, el nivel de estrés presente, la cultura, los enfrentamientos internos y dinámicos, así como la capacidad para manejar las emociones.

El término se define desde el antiguamente llamado magnetismo animal, fallos normales en la atención, como mecanismo de defensa, hasta quebrantamiento en los procesos de memoria, y división de la identidad y la estructura del self.

SELF: Termino inglés con el significado de si mismo, el total psicofísico de la persona. Es utilizado en varias escuelas psicológicas para significar el concepto que una persona tiene de si mismo.

Manifiesto de Identidad y Autoestima
Tal vez no somos máscaras ni moldes: somos obra en construcción.
Nuestra identidad no cabe en marcos rígidos, se expande como tinta que busca su cauce, como una pintura que busca una pincelada dentro del vacío. No necesitamos perfección: necesitamos verdad.

Rechazamos las comparaciones que nos encadenan. Somos creadores de nuestra forma, escultores de nuestras fracturas, alquimistas de nuestras dudas. En cada contradicción germina una posibilidad, en cada sombra se enciende un matiz.

El arte nace de la fisura. En cada error hacemos estética, en cada ruptura levantamos sentido. El arte también nos recuerda que ser es un acto radical. Que mostrarnos vulnerables es un gesto estético y humano. Que lo auténtico vale más que lo impecable. Nuestra identidad es insurrección: cambiante, indómita, incómoda para quienes prefieren lo predecible.

Nos afirmamos como lienzo y pincel, como voz y silencio, como boceto inacabado que merece existir sin pedir permiso.

Somos obra inconclusa.
Somos lienzo abierto al caos.
Somos quienes escriben la historia de su propia voz, aunque tiemble, aunque moleste.

Creer en nosotros mismos es el manifiesto más puro: declarar que somos únicos, irrepetibles, y que el proceso de llegar a ser ya es, en sí mismo, belleza.

Todo parte con un cuadro roto

La obra nace de un cuadro roto rescatado de la basura, aludiendo al concepto de resiliencia. Una pintura de un bodegón de un florero en formato horizontal, es girada y reinterpretada como concepto ventana.

La nueva obra hace referencia a la identidad a partir de un perfil con el rostro en sombra encerrado en su propia comunicación, lo cual habla de lo difuso y misterioso que puede llegar a ser la definición de nuestra identidad.

Se reaprovecha la parte de las flores de la antigua pintura para hablar sobre lo escondido, invitando a «mirar entre flores» la cara oculta de la obra, aquello que a veces no nos atrevemos a ver.

La instalación

La instalación de la obra es colgada en vertical con el reverso de la pieza frente a un espejo y dejando un espacio para pasar entre estos dos.

La pieza puede ser vista tanto de frente, como a través del agujero reflejada en el espejo y también por el lado reverso, pudiendo también ser recorrida entre el espejo y la parte de atrás de la obra.

La instalación ha sido expuesta por primera vez en la IX edición del festival Art Battalion en septiembre 2025, comisariado por la galería White Lab.